Este es una clásico de nuestros tiempos. Estás en Internet, de pronto lo ves en la ventana del chat y te animas a tipear un saludito cordial como un “Hey, ¿cómo andas?" A mí me ha pasado quedarme como una tarada esperando que aparezca el popular “el hijo de p que no me quiere hablar está escribiendo un mensaje”, pero no. No aparece. Haces un segundo avergonzado intento: “¿estás?”. Pueden pasar dos cosas, o que esperes por siempre o que de pronto aparezca: “el hijo de p que no me quiere hablar aparece como No conectado”. He de reconocer que yo también he hecho desapariciones on line (que bueno es ponerse en los zapatos del otro, ¿no?, yo calzo 8). Desde el día que nos conocimos, mi persistente compañero de aquel buen día en Amigolandia, trató de comunicarse conmigo a través del chat durante meses y no tuve la amabilidad de contestarle un solo mensaje. Sí, fui una malcriada, pero no me gustaba. Así que lo dejaba tintineando, mandándome zumbidos inútiles, hablando sólo, yo estaba en otra y no quería nada con él. Se siente horrible del otro lado del espejo, cuando tú eres el interesado. Ante estos casos, recomiendo bloquear y borrar.
Las relaciones entre olvido y perdón son sensibles y complejas. ¿Es el mismo el perdón que se pide y el que se da? ¿Es justo que quien ha sido ofendido, lastimado o humillado no vea reparado su dolor y que quien ofendió, humilló o lastimó no cumpla con esa reparación? ¿Es siempre posible reparar? Hay heridas de tal profundidad que el dañado sólo puede perdonar si logra convencerse de que no existieron. Es decir, si consigue negar parte de su propia historia y condición. El simple hecho de pedir perdón no es suficiente si no hay acciones reparadoras. Pero un acto no es reparador según el juicio del ofensor, sino según el sentimiento del ofendido. Por otra parte, olvido y perdón no son sinónimos. Y si se confunde olvido con pérdida de la memoria no habrá reparación. Como suele repetir la psicoterapeuta y escritora Elisabeth Lukas , quien perdona y olvida, olvida lo que perdona. En este caso, no hay procesos de transformación ni aprendizajes.

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